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CANTO A NEMESIS Silvia Cuevas Morales http://www.libros.ciberanika.com

Ficha realizada por Anika

CANTO A NEMESIS
(Canto a Némesis. Poemas de una extranjera)
Silvia Cuevas Morales

Editorial Nos y Otros Editores
Colección Poesía en Movimiento

Edición 2003
© 2003 Silvia Cuevas-Morales

Introducción de Lidia Falcón
Género: Poesía

Depósito Legal: SE-1628-2003
ISBN: 84-933130-0-09

80 Páginas



Argumento

Poemas escritos y recogidos en un pequeño volumen por la autora chilena cuya familia emigró de Chile a Australia debido al golpe de estado, y ella, más adelante y por amor, se exilió en España. Toda la crudeza del tiempo que pasa esperando los papeles que la harán legal en el país se plasma en estos poemas. El final llegará con la legalización y su adaptación al país donde ha elegido vivir.
 



Opiniones de lectores

Anika (Registrado)

Me decía Silvia Cuevas-Morales en su carta de presentación que este librito, “según en qué ámbitos, no ha gustado mucho por su carga emocional y crítica”, y tras leerlo mientras me tomaba un cortado en el almuerzo la misma mañana que lo recibí, entiendo a qué se refiere.

Empezaré recordando que a mí no me gusta la poesía. Excepto algunas frases de Neruda, o el libro “Los bosques de Wisconsin” de J. A. Arcediano, poco recuerdo como para incluir la poesía entre mis gustos, por ello normalmente paso los libros a mis colaboradores. Y si esto es así ¿cómo es posible que me haya leído este libro de 80 páginas mientras tomaba un cortado en un bar abarrotado de obreros y con el horroroso calor de finales de julio? Sólo he tenido que leer “parte” de la introducción de Lidia Falcón y el primer poema de Silvia Cuevas-Morales. El resto ha venido solo. El griterío de los obreros ha desaparecido, el calor ha menguado y mi mente estaba en otro sitio. Pero ¿por qué?

Esta cuestión es la que indica qué tiene de especial “Canto a Némesis”. La autora plasma en cada poema su rabia, su indignación, su infelicidad, sus dudas por haber venido a España, su horror al ver cómo es tratada –ella y otros-, el asco que le produce lo que ve y lo que vive, la desolación… y lo hace en orden cronológico –o al menos así se percibe- con poemas titulados que te dan una señal de dónde se produce ese hecho. De esta forma estás viviendo con ella y conociendo de primera mano qué siente una extranjera sin papeles en tu propio país (en este caso España), y reconoces que lo que cuenta es cierto, por duro y feo que sea. Esto es lo que más me ha gustado: que no miente, que está contando en poemas lo que parece un diario, que te hace conocer lo que pasa por la cabeza del inmigrante ilegal su día a día porque sabe que puede ser expulsado si no le llega su oportunidad, que es sumamente crítica y que precisamente esa carga emocional ha sido de mi agrado (a pesar de todo). Silvia Cuevas vivía en Australia donde tenía amigos, una carrera y una casa con jardín, y el único motivo que la atrajo hasta España fue el amor.

Me decía también Silvia Cuevas que sabía que se exponía a una crítica no positiva en el caso de que el lector en cuestión –en este caso yo- no le gustara el libro. Bien, el libro sí me ha gustado, sin embargo hay ciertas observaciones que me gustaría hacer y sé que ella, ahora mismo, las entenderá.

Silvia habla desde su interior, saca afuera lo que ve y lo que le produce asco, horror, temor, rabia, tristeza o indignación, y lo hace como extranjera. Lo mismo que ha hecho ella podría haberlo cualquier español en su propio país que no se sienta protegido, así de claro. Es decir, si bien me parece perfecto que se descargue emocionalmente, no debemos olvidar que esa rabia la comparte incluso con españoles que residen en España porque el Gobierno que a ella la mantuvo tanto tiempo desesperada, también es injusto muchísimas veces con sus propios hijos. Hija es ella también de España, así lo aseguraba –con razón- recordando los orígenes de Chile y su mezcla de razas, y critica lo desprotegidos que están tantos inmigrantes que vienen aquí a ganarse el pan. No lo voy a criticar, todos sabemos que el 90 % de los inmigrantes vienen a trabajar, pero siempre queda un 10 % de inmigrantes que no vienen precisamente a eso. Y aquí entra otra de sus poesías, una que habla sobre el maltrato a mujeres, sobre los asesinatos, incluso habla de la ablación del clítoris… y parece que no ha visto suficiente televisión –o no la veía cuando lo escribió- o leído suficientes periódicos en aquel momento como para saber que ahora existen bandas latinoamericanas que antes no existían y que cometen crímenes, que desde Yugoslavia y países colindantes nos llegan nuevos habitantes que entran en las casas con violencia y roban y matan, que los curas pedófilos están también en Sudamérica, que un tanto por cien elevado de hombres que apalean a sus mujeres en España son moros o sudamericanos, que la ablación y otras torturas de las que habla no pertenecen a la cultura española… y ahí está mi crítica negativa. Y sé, me consta porque vive en este país, que así lo entenderá Silvia ahora mismo, porque lo que está contando no es España, lo que está contando es la convivencia multicultural existente ahora mismo en este país.

Hay un pasaje en que Silvia Cuevas recuerda que los españoles también fuimos una vez inmigrantes y se nos acogió con los brazos abiertos, y yo no puedo evitar recordar algo que he leído recientemente, “Campos de concentración”, de Molins i Fábrega y Bartolí, donde los españoles que iban a Francia a exiliarse para evitar el ambiente dictatorial de España, eran apresados, torturados y tratados como esclavos en ese exilio. No podemos sacar el pasado para despojarnos de su nuestra rabia porque nunca tendremos suficiente razón y argumento para basarnos en eso. Sé, Silvia, que ahora verás España desde otra perspectiva. Y sólo me queda sentir pena porque tú empezaste a integrarte con el primer empujón que diste a una señora dado que eso es lo que habías recibido tú en un momento dado.

Es justo decir que Silvia no eligió la mejor opción para exiliarse. Eligió Madrid, una capital multicultural, llena, cara, ruidosa, con muchos barrios, excesiva pobreza conviviendo con pieles de animales y joyas… Eligió el lugar donde le llevó el amor, y la elección le hizo vivir esa experiencia. Yo, que soy muy amiga de unos cuantos inmigrantes, puedo hablar por ellos y transmitirle algo: no todos pasaron lo que tú, el lugar que eliges para vivir importa y mucho. La zona donde te alojas y te buscas la vida es determinante en tu sosiego o desesperanza, y eso lo veo yo cada día con caras alegres y trabajadoras, presentes y futuros prósperos y calma en sus vidas.

Pero he de darle la razón sobre la burocracia y el gobierno. Toda la razón, pues Silvia se expresa en sus poemas como cualquiera de nosotros lo haríamos, con hartazgo, viendo a funcionarios carcajearse en teléfonos mientras estamos haciendo horrorosas colas que luego pueden, incluso, mandarnos a otro lado sin solucionar nuestros problemas, percibiendo que seas blanco, negro, amarillo o rosa el tono de educación o respeto no es el fuerte en estos empleados precisamente, que cuando están detrás de esas ventanillas, da igual de dónde provengas, habrá tres o cuatro que sean educados, pero el resto te trata como si tuviera el poder y tú no eres nadie. No importa de dónde vengas Silvia, la burocracia, el Gobierno y ciertas instituciones nos tratan igual a todos.

Los insultos que has oído en la calle, la miseria que has visto, el desprecio que has vivido, la inseguridad ciudadana, está en Madrid, en París, en Nueva York, en Roma…

Aun con mis pocas discrepancias, recomiendo este libro porque nadie que no haya estado en su lugar, puede llegar a saber cuánta rabia pueden crear estos conflictos, hasta el punto de creer que el inmigrante odia el país que finalmente le ha dado cobijo. ¿Se habrá reconciliado ya con él? Espero que sí y le deseo suerte.

 
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