…Hay que insistir en este prácticamente, porque
en las síntesis biográficas de solapa libresca no se me señala esta condición de
barraquista. Es como un título de honor tan escasamente recitado que parece que
no me lo merezca. Me duele no servir de estereotipo.
Es
la
Zona Francalo que le va a dar su primer éxito, pero no adelantemos acontecimientos.
Francisco Candel empieza su andadura literaria gracias a la publicación de una novela,
Hay una juventud que aguarda, publicada
por la editorial de José Janés en 1956 y prologada por otro escritor, Tomás Salvador.
En realidad, y para ser más concretos, su primera novela fue
Brisa del cerro, que presentó al Premio Nadal en 1952 con la intención de
meterse en el mundo literario. La novela no obtuvo el favor del jurado y descansó
en algún cajón. Sí fue publicada su segunda obra, la que hemos citado anteriormente.
Esta primera novela no tuvo demasiado éxito, pasó inadvertida. Sin embargo, Candel
decidió escribir sobre lo que realmente dominaba: su barrio.
Las Casas Baratas -pequeño barrio dentro de
la
Zona Franca
de Barcelona-, en aquella época -años cincuenta- era un conjunto de casas pareadas
donde vivía gente pobre: gente con pocos recursos, gente que vino para trabajar
a Barcelona, desde Almería y Murcia sobre todo, cuando el franquismo ya se había
consolidado…
Esa falta de recursos con la consecuente falta de cultura, así como también la cercanía
entre las familias del barrio provocaba que constantemente hubiera choques y peleas
de todo tipo.
Hay un hecho que me parece fundamental destacar. Las puertas de las casas y las
ventanas
siempre permanecían abiertas, nadie temía ser robado, porque no tenían nada para
poder ser robado. Con esto era fácil que los gritos de dentro de las casas, las
anécdotas (discusiones, actos sexuales, agresiones…) quedaran a la vista de cualquiera
que pasara por ahí. Y Candel estaba por ahí.
Y como íbamos diciendo, el autor decidió escribir un libro (no digo novela, ya explicaremos
por qué), Donde la ciudad cambia su nombre.
Con este libro abrió las puertas de las Casas Baratas a toda España, y con ello,
las puertas de lo más íntimo de cada familia que allí vivía.
Fue esta obra la bomba que tarde o temprano tenía que estallar. Aunque el autor
pensaba que nadie del barrio leería la obra (por falta de poder adquisitivo y falta
de cultura, como ya apuntábamos), no fue así. La obra fue leída y el lío estaba
servido.
El caso Candel había saltado a la prensa.
Un hombre en busca del reconocimiento.
Toda la obra de Francisco Candel contiene una gran carga autobiográfica. Si leemos
Hay una juventud que aguarda,
¡Dios, la que se armó!, Un charnego en el senado, Historia de una parroquia, Donde
la ciudad cambia su nombre…
podemos ver que su vida está ahí, en cada página. Me atrevería
a decir que no hay ninguna novela del autor que huya de su propia biografía (ficcionada
o no) y no me refiero a que todo escritor pone parte de su experiencia en sus novelas,
sino que podemos ver en sus páginas que todos esos personajes existen realmente,
sean disfrazados o no. No recuerdo ninguna novela del autor que no esté basada en
hechos reales.
Quiero aclarar antes de que nada, que en este artículo no menciono obras como Los otros catalanes, Inmigrantes y trabajadores,
La nueva pobreza, Carta abierta a un empresario… No es esta literatura la
que me lleva a redactar estas líneas.
En cualquier caso, y retomando el hilo que nos interesa, la obra de Candel se ha
nutrido de lo que él ha vivido, ha escuchado, ha visto, le han contado… No hay mejor
ejemplo de todo esto que la novela Donde la ciudad
cambia su nombre.
El barrio donde él se ha criado le ha dado toda la fama que reclamaba. Y esto es
irrefutable, los hechos están ahí: en sus sucesivos libros, en los prólogos a sus
libros, en la prensa de la época que reflejó los escándalos y en la prensa cada
vez que ha ido sacando un nuevo libro; siempre ha habido esa reseña de “el autor
de Donde la ciudad cambia su nombre”.
Cierto es que también es “el autor de Los otros
catalanes”.
De cualquier modo, vamos a retomar lo que explicábamos al principio y vamos a aclarar
cómo llega Francisco Candel a esa novela que tanta polémica dio.
Decíamos que siempre había querido ser escritor, desde pequeño ha leído mucho y
le atraía la fama literaria. Intentó conseguir el estrellato con su primera novela,
Brisa del cerro (1952), pero a pesar
de que la presentó al Premio Nadal, al Premio Planeta, al Premio Ateneo de Valladolid…,
no ganó y tampoco se la publicaron. No perdió la esperanza y con su segunda novela,
Hay una juventud que aguarda (1954), se presentó al Premio Nadal otra vez
con más esperanzas que en su anterior obra, pero el premio se lo llevó Francisco
Alcántara con La muerte sienta bien a Villalobos.
Sin embargo, a pesar de no ganar, la suerte le sonrió; uno de los miembros del jurado,
Sebastián Juan Arbó, escribió a Francisco Candel diciendo que si bien la obra no
iba a resultar ganadora, sí podía animarle a seguir escribiendo porque era buena.
“Me ha gustado su novela, aunque no ganará. Pero
hay tanto empeño en esta novela, que parece que, si no gana el premio, dejará de
escribir. No lo haga, usted tiene talento de escritor”.
Arbó le dio a leer la novela a Ignacio Agustí -autor de
Mariona Rebull- y este le escribió a Candel y le recomendó que fuera a ver
al editor José Janés. Y José Janés le dio cinco mil pesetas, se quedó con la novela
y le prometió que le publicaría todo lo que escribiera.
Pero esa novela no tuvo mucha repercusión en la crítica ni tampoco en ventas. Candel
tenía lo que tanto ansiaba, la fama, el lugar entre los escritores. Si bien en Hay una juventud que aguarda, Candel
narraba su propia experiencia al escribir Brisa
del cerro a través de otro personaje, en su siguiente obra
Donde la ciudad cambia su nombre narró lo que más a mano tenía, la vida
que le rodeaba: su barrio.
Y Donde la ciudad cambia su nombre no
es una novela o, al menos, yo no lo creo. No tiene ninguna trama, es como el propio
autor me confesó “una fotografía del barrio que
yo tomé y plasmé en el libro”. Habla de las barbaridades de sus vecinos.
Y Francisco Candel llevó la obra al Premio Ciudad de Barcelona pero no ganó. Sin
embargo, la leyó Tomás Salvador (que fue quien le prologó
Hay una juventud que aguarda) y le entusiasmó. Tanto es así, que llamó a
José Janés para que la publicara. Y éste así lo hizo.
No pensaba Francisco Candel que la obra fuera a crearle problemas porque en su barrio
no había mucha cultura y el libro valdría demasiado caro para los bolsillos de sus
vecinos. Además, Janés le animó y le apoyó en todo momento, así que qué había que
temer.
Donde
la ciudad cambia su nombre.
El título hace referencia precisamente a esa Barcelona que nadie conocía, a esos
suburbios que tan alejados quedaban de la acomodada burguesía barcelonesa. Donde
Barcelona dejaba de ser Barcelona para ser un simple suburbio.
El suburbio donde él vivió durante tanto tiempo y donde tan cerca vive actualmente.
Uno de esos personajes que aparecían en el libro era un tal Marcelino.
“El Marcelino era un personaje que si lo llegan
a tropezar Dostoievski o Baroja, lo cazan, no se escapa, seguro… …El Marcelino sólo
veía de un ojo, y aún, de éste poco. Éste, el ojo que veía, era negro; el otro azul,
diáfano, claro. Cuando el Marcelino te miraba, el ojo vidente te penetraba, queriendo
escapar de la órbita, igual que si fuera un tentáculo o periscopio. Enarcaba las
cejas para ello, y fruncía la frente, y el entrecejo, tanta fuerza y obsesión ponía
en ello. El otro ojo, el azul y cristalino, entretanto, proseguía tranquilo e indiferente
en su cuenca, cual si a él no le fuera ni le viniera nada. El Marcelino, además,
ostentaba un peinado a la raya, un peinado infantil con u remolino rebelde en la
coronilla. La nariz la tenía puntiaguda, aguzada; era una de esas narices de las
que te hacen imaginar, sin saber por qué, que en el invierno siempre llevarán la
moquita colgando (…).
El Marcelino, en invierno, llevaba unos pantalones
bombachos, unos zapatones, una camisa de franela y un tabardo: en verano no llevaba
nada, lo que se dice nada. Sólo los calzoncillos. Así, de esta guisa, se paseaba
por la calle Pinatell, arriba y abajo (…).
El Marcelino y
la Rosalía
dormían en una cama que no tenía somier, sólo
los cuatro palos y las barandas. Echaban la borra en el suelo y una manta encima.
El somier lo habían empeñado. La cama, así, era una especia de marco o adorno. Faltaba
uno de los largueros, que el Marcelino quemó un año para encender el brasero (…).
El Marcelino, a veces, en el triciclo, llevaba
a
la Rosalía
, oronda y satisfecha, a
la Plaza
de España, y así ahorraba cuartos de autobús.
Como no veía mucho, el Marcelino conducía despacio y con cuidado; aun así, en ocasiones
atropellaba a alguien y se armaba la de Dios.”
He cogido estos fragmentos como ejemplo de lo que Candel decía en el libro. No es
lo más grave ni el Marcelino es el personaje más afectado. En
Donde la ciudad cambia su nombre aparecen asesinatos, puñaladas, peleas,
insultos, escándalos sexuales…
La cuestión es que el Marcelino fue el primero del barrio en comprar el libro y
leerlo, a pesar de lo caro que valía. Tal fue su sorpresa al ver lo que
el Candel decía de él y del barrio, que fue a la plaza de las Casas Baratas
anunciando lo que Francisco Candel había dicho de todos.
A cada vecino que pasaba por la plaza le decía: “oye,
ven aquí, que mira lo que ha dicho el Candel de tu mujer” o
“el Candel dice que ésta es una puta y tú un borracho”.
No todo el mundo se había leído el libro porque pocos eran los que sabían leer,
pero todos acabaron enterándose de esto. El libro empezó a ir de mano en mano y
cuando todos se informaron, decidieron dar caza al Candel.
Quisieron tomarse la justicia por su mano y fueron a lincharlo a su casa (que entonces
vivía en Mare de Déu de Port, en
la
Zona Franca
). Antes de todo, los vecinos descubrieron que dos de ellos habían estado facilitando
información al autor sobre los habitantes de las Casas Baratas y de las intimidades
de ellos. Estos dos fueron los primeros en caer en las manos de los afectados.
Francisco Candel se refugió en su casa y de vez en cuando se escapaba lejos a la
espera de que la marea se calmara. Habló con José Janés y con Tomás Salvador. Janés
lo calmaba y le decía que no pasaría nada y Tomás Salvador, que a parte de escritor
era policía, le dijo que sus amigos lo protegerían.
Pero las cosas no se calmaban. Algunos prefirieron ir a juicio, otros, la gran mayoría,
optaron por apalearlo.
Los de la pelea fueron calmándose poco a poco, mientras que el juicio prosperó.
Candel se salvó de pagar una fuerte indemnización para fortuna suya. Sin embargo,
tuvo que ir a la radio para que lo entrevistaran y decir cuánto sentía lo sucedido.
Pero esto hizo que la prensa tomara parte en el asunto. Uno de los periodistas,
Enrique Rubio de la revista Soli, hizo un reportaje y fue en diversas ocasiones
a las Casas Baratas para hablar con los vecinos (calmarlos e informarse). A partir
de las publicaciones de Enrique Rubio, la intervención en la radio… se bautizó todo
lo sucedido como el caso Candel. Y el
caso Candel salió en periódicos importantes de tirada nacional, como
La
Vanguardia.
Consecuentemente, la fama de Francisco Candel empezaba a crecer a pasos agigantados.
Desde el extranjero llegaban cartas al autor de ánimo o de rechazo, pero se hablaba
más allá de las fronteras españolas. Una editorial alemana se mostró interesada
por el escándalo y compró los derechos para traducirlo. Así empezó Candel a ser
leído en el extranjero. Incluso en Alemania, tiempo después, se realizaron tesis
doctorales sobre su obra.
Francisco Candel estaba asustado con todo este boom, pero tenía lo que quería: fama.
La realidad.
Creo que es oportuno decir en este mismo momento que ese personaje que tan mal le
sentó el libro de Francisco Candel, el Marcelino, es mi abuelo.
Soy nieto de uno de los personajes del libro
Donde la ciudad cambia su nombre.
Por esa razón conozco de primera mano lo que sucedió: he hablado infinidad de veces
con mi abuelo, con mis padres, incluso con el propio autor en su casa.
En todos los problemas hay puntos de vista diferentes. Si bien Francisco Candel
era el verdugo y mi abuelo -como los demás vecinos del barrio- las víctimas para
uno y viceversa para otros, yo quiero aportar el punto de vista neutro.
Me dijo Francisco Candel que su gran error no era el haber escrito lo que escribió,
ya que él dijo la verdad; el gran error fue poner los nombres reales de los personajes.
Ello facilitaba enormemente que la gente se sintiera identificada en las páginas.
No es cierto todo lo que dice Francisco Candel en su novela ni todo es falso. En
cuanto a contenido, podríamos decir que tiene razón en casi todo. Sí hubo un asesinato,
sí existían las peleas, sí existían los escándalos sexuales, sí existían los rumores…
Era un barrio suburbial de
la Barcelona
de la posguerra habitado por gente con pocos recursos y poca cultura -como ya he
dicho- criados con la ley del “ojo por ojo y diente por diente”. La distribución
de las casas, su cercanía, facilitaba los roces personales entre vecinos y yo he
personalmente he vivido esas peleas, las he visto. Yo he visto puñaladas siendo
niño y he escuchado lo que ocurría en el interior de las casas. Cuando había una
pelea, nadie intentaba separar a los que se peleaban, sino que gritaban por todo
el barrio para que vinieran a ver le pelea.
Pero eso era tan asiduo que llegó a convertirse en algo normal. Algo que todo el
mundo aceptaba como tal. Cuando Candel publicó
Donde la ciudad cambia su nombre, la gente se sintió avergonzada, dolida,
porque toda España iba a leer sus vidas.
Pero como digo, no todo lo escrito es cierto. Candel no escribió la obra solo basándose
en lo que él había vivido, sino que, una vez se fue a vivir a
la Zona Franca
y dejó las Casas Baratas, empezó a preguntar a esos dos vecinos que apuntábamos
anteriormente qué ocurría en su anterior barrio. Estos dos vecinos le contaron los
rumores que circulaban de boca en boca, muchos de ellos infundados. Y Candel no
se tomó la prudencia de filtrar lo cierto de lo falso, sino que escribió. Simplemente
escribió.
Y resultado de ello fue una “novela” donde se retrataban sus vecinos con sus verdades
pero también con sus mentiras.
Cometió pues dos errores: poner los auténticos nombres y no discernir entre lo real
y lo inventado.
Pero para los lectores que no conocían a los personajes, esta novela era una bomba
de relojería que había que leer, sobre todo cuando fue prohibida y se vendía de
estraperlo.
La prensa alimentaba la polémica y las ventas de ejemplares, cada vez había más
gente que quería leer Donde la ciudad cambia
su nombre. Cuando, tras la prohibición, se pudo volver a vender el libro
en las librerías, las ediciones se dispararon. Los ánimos en las Casas Baratas ya
se habían apaciguado.
Lo que vino después.
Tras Donde la ciudad cambia su nombre
vinieron otras novelas. La siguiente fue Han
matado a un hombre, han roto un paisaje. En esta, como en otras, siguen
apareciendo las anécdotas de los vecinos del autor y sus propias anécdotas, pero
esta vez cambió los nombres y puso advertencias en todos sus libros de que los personajes
eran producto de su imaginación y demás.
Nota aclaratoria a Temperamentales (1960):
“Existe Barcelona. Los demás escenarios de la
obra son ficticios. Los personajes, también. Los hechos, ídem. Cualquier parecido
con la realidad, eso que se dice siempre: coincidencia.”
Nota aclaratoria a Han matado a un hombre, han
roto un paisaje (1963):
“Después del jaleo que consigo trajo la publicación
de mi anterior novela, considero necesaria esta nota o aclaración. Quede bien sentando
que no me gusta la literatura de escándalo y que no me agradaría pasar a la posteridad
–es una pretensión- con este remoquete. Por un perro que maté, mataperros me llamaron.
Que nadie busque parecidos o realidades en esta ficción. En ella he barajado los
cuatro sobados y manidos tópicos que se dan en todo los arrabales de todas las grandes
ciudades industriales en las cuales la urbe avanza sobre el campo. Cualquier parecido
con circunstancias o circunstantes será mera casualidad. Quisiera advertir también,
que igual que los nombres propios –Francisco, Pedro, José, todos- no son privativos
de nadie, tampoco lo son los motes o apodos, como, por ejemplo: Grúa, Costipao,
Gangrenica, Sesentaynueve, etc.”
Nota aclaratoria a Le christ noir (edición
francesa de Han matado a un hombre, han roto
un paisaje):
“Après le tapage suscité par mon dernier roman, je crois bon d’apporter ici quelques
précisions. Qu’on m’entende bien : je n’aime pas les auteurs à scandale et détesterais
passer comme tel à la postérité –quelle prétention ! Je vole un oeuf, et c’est un
boeuf que l’on m’acusse d’avoir volé! Qu’on ne voie pas davantage personnes ou faits
réels dans cette oeuvre d’imagintaion. J’y exploite pêle-mêle maints lieux communs
relatifs aux faubourgs des grandes cités industrielles où la ville gagne sur la
campagne. Toute ressemblance de circonstances ou de personages serait donc l’effet
du basard. Un mot encore : si des noms tels que Francisco, Pedro, José et autres
n’appartiennent en propre à personne, il en va de même de surnoms ou sobriquets
que Grua, Costipao, Sesentaynueve, etc...”
Nota aclaratoria a Historia de una parroquia
(1971):
“Esta obra es el fruto e una larga y continuada
experiencia, pero no el calco de una realidad; cualquier parecido con personas o
entidades verdaderas será pura coincidencia.”
Pero lo cierto es que no siempre ha editado con José Janés como éste le prometió
cuando le compró los derechos de Hay una juventud
que aguarda. José Janés murió al poco de aparecer
Donde la ciudad cambia su nombre en un accidente de coche y Francisco
Candel ha ido publicando en editoriales menores: Laia, Marín, EM, AHF,
La Biga
, Marte… aunque también es cierto que ha publicado algo más en Plaza & Janés,
Planeta… A partir de Los otros catalanes,
publica en Grup 62.
Brisa del cerro, aquella primera novela
que aguardaba en un cajón, acabó publicándose en Bruguera en 1970. Todo el escándalo
que suscitó Donde la ciudad cambia su nombre,
lo escribió Candel en otro libro, ¡Dios, la que
se armó! Aquí explica cómo acabó teniendo una relación de amistad con el
Marcelino, así como también con los otros vecinos.
Se han llevado a cabo varias ediciones de obra completa de sus libros, una de ellas
en Dima Ediciones (1969), que reunió en su primer volumen
Donde la ciudad cambia su nombre, ¡Dios, la que se armó! e
Historia de una parroquia bajo el título genérico de
A palo limpio (refiriéndose a lo ocurrido en las Casas Baratas con
su segunda obra publicada).
Este mismo año ha sacado en Península Primera
historia, primera memoria, el primer volumen de sus memorias. Candel vuelve
a la carga con el tono de Donde la ciudad cambia
su nombre. Vuelve a hablar de sus antiguos vecinos, de sus escándalos sexuales…
Con la excusa de hablar de su vida, habla nuevamente de la vida de los demás. Quizá
sea porque sus últimos libros han pasado más que desapercibidos (El
sant de
la
Mare
Margarida
, Petit món…) y quiere recuperar la fórmula
que tanto éxito le dio y que lo subió a la fama.
En este libro, Candel descubre algunos personajes (el Gafas, el Grúa…) disfrazados
que han aparecido con otros nombres en novelas suyas como
Han matado a un hombre, han roto un paisaje y que en realidad son sus vecinos.
De algún modo Candel echa toda la carne en el asador en este primer volumen de sus
memorias y parece no importarle que se vuelva a repetir lo que una vez tanto dolor
de cabeza le dio o quizá quiere que se repita para que se vuelva a hablar de él
o sencillamente piensa que en el siglo XXI esto ya no pasa.
En cualquier caso, en Primera historia, primera
memoria ha quedado de manifiesto que su literatura se nutre de su vida y
los que con él compartieron sus vidas. Candel no es un autor de imaginar una gran
trama para una gran novela, sino un autor de plasmar lo que ha visto, lo que ha
vivido. Esto no es desdeñable, es admirable que sepa sacar tanto partido a su vida
como hacen otros escritores (véase a Francisco Umbral).
En Primera historia, primera memoria
Francisco Candel pone punto y final a su trayectoria literaria. Él siempre dijo
que uno debe escribir sus memorias cuando esté cercano a irse y no antes. Sus achaques
de salud han empeorado en los últimos años y tiene graves problemas de memoria.
Si le quitan la memoria a Francisco Candel, ¿qué le queda?
Francisco Candel siempre será el autor de Donde
la ciudad cambia su nombre y Los otros catalanes.
Algunos todavía dirán que lo que escribía era mentira (como los que todavía quedan
vivos en las Casas Baratas), otros dirán que era verdad, pero lo que sí es cierto,
es que Candel era un escritor que destacó en la literatura con
su verdad.
A pesar de que en su último libro insista en hacernos creer a los lectores que él
siempre ha sido un santo y los demás unos descerebrados, a pesar de que insista
en explicarnos que su familia era un ejemplo de bondad cuando los hechos dicen lo
contrario, a pesar de que siga escribiendo sobre sus antiguos vecinos -como mi abuela-
como método de seguir vivo en la literatura, como forma para seguir con ese reconocimiento
que tanto ha deseado toda su vida... A pesar de ello, Francisco Candel es un excelente
escritor, que ha tenido suerte, que ha sabido sacarle partido a esa fortuna y que
gracias a ello, ha sabido crear un estilo propio y un nombre dentro de la literatura
española.
NOTA: Actualmente Francisco Candel, a sus 82 años, atraviesa un delicado estado
de salud. Desde aquí mando mis deseos de mejora.