Anika
En
Anika Cine Magazine ya le entrevistamos por su faceta de director, pero Carlos
Atanes es como una estrella con muchas puntas, y entre otras cosas
escribe. En esta ocasión vamos a hablar de una obra de teatro llamada
"La cobra en la cesta de mimbre", libro que me leí en su
lengua original -catalán- y que -déjadme ser vulgar-
me dejó medio alucinada y "a cuadros". Es por eso mi interés
en entrevistarle. Esta obra ha sido llevada al teatro, de modo que a lo
largo de la entrevista podréis ver imágenes de algunas de
sus escenas.
Entre otras
cosas llama la atención la aparente no-relación entre el
título y la obra. El argumento nos lleva a pensar en humanos raptados
por extraterrestres, pero nada es lo que parece, o nada nos quiere dar
masticadito su autor. Hay sitio para la imaginación, para el sueño,
para la filosofía, incluso para la alucinación.
"La cobra en la cesta de mimbre" es, además, una obra donde los actores
tienen una gran oportunidad para lucirse. Sobra decir que, siendo teatro,
se lee en un ratito y es amena.
ENTREVISTA
En primer lugar, ¿dónde está la misteriosa relación
entre el título de "La cobra en la cesta de mimbre" con la
historia de Juli y Maria?
Carlos Atanes:
Metiendo la
mano en una cesta de mimbre, te puedes llevar un buen susto si hay una
cobra dentro. Los dos personajes de la obra están encerrados en
un
habitáculo
estanco, continuamente observados desde el exterior por seres invisibles.
Juli, el hombre, lleva más tiempo ahí, y ha elaborado una
teoría al respecto: son los especímenes humanos de una gran
colección zoológica extraterrestre. Aplicando los principios
de la Relatividad de
Einstein, deduce que deben hallarse a miles de años
luz de la Tierra, y que son los últimos ejemplares de la especie.
Son, por lo tanto, la Humanidad al completo, como al principio lo fueron
Adán y Eva. Por un lado, según él, su condición
se reduce a la de simples monos enjaulados. Están absolutamente
sometidos a los designios de sus vigilantes, y deben hacer cabriolas para
que les tiren plátanos. Pero por otro lado también es consciente
de la potencialidad que reúnen por el simple hecho de ser un hombre
y una mujer. Sólo bastan ellos para generar una nueva Humanidad,
con todo lo que ello comporta. La unión de esta pareja de infelices
podría acarrear un terremoto cósmico. No aparentan suponer
peligro alguno para nadie, pero son el más grande en potencia. Lo
que en apariencia es muy inofensivo, como una cesta de mimbre, puede resultar
tremendamente peligroso según lo que contenga en su interior. Ahí
se encuentra la relación con el título.
¿Te gustan los juegos de palabras o sorprender?
Carlos Atanes:
Sí,
desde luego. Casi tanto como que me sorprendan. Me entusiasman los trucos
de magia, los acertijos, las paradojas y los enigmas. Disfruto escuchando
a gente que conoce y sabe utilizar el lenguaje. Esos que a veces pasan
por pedantes por el sólo hecho de saber hablar. He pasado muchas
horas contemplando los grabados de Escher, las cárceles de Piranesi,
y releyendo párrafos de
Carroll y Borges.
Si algún día
lograse acercarme tan sólo a la altura de los ácaros que
correteaban por las camisas de los autores que he citado, me daría
con un canto en los dientes.
Ahora bien,
también tengo que decir que no me siento nada atraído por
los «finales sorpresa». Prefiero ser sorprendido de principio
a final que no tener que aguantar algo que en definitiva sea una excusa
para un final inesperado. Por eso no acostumbro a leer novelas de
Agatha Christie, ni a ver cortometrajes con vocación de cortometraje.
La obra de teatro se puede entender como ciencia-ficción, un sueño,
una alucinación… ¿por qué esa ambigüedad?
Carlos Atanes:
El único
medio de expresión del que no espero ambigüedad alguna es la
pornografía —y esto hasta cierto punto—. En todos los demás
lo considero un valor a reivindicar. Una obra es rica en función
de su riqueza de significados. Yo no escribo panfletos, y cedo al lector,
o al espectador, un espacio de libertad en el que pueda decidir. Esto no
significa que pretenda ser acrítico, neutral, o apolítico.
Realmente pienso que todo lo que hago, y esta obra no es una excepción,
contiene una buena carga ideológica, que no siempre es evidente,
pero que puede incluso llegar a molestar a quien no la comparta —como en
efecto ocurre a menudo—. Pero me siento muy cercano a Poncio Pilatos en
su relativización de la verdad. Yo mismo reviso a menudo mis propias
convicciones.
En la obra
intervienen dos personajes con maneras muy diferentes de entender el mundo,
y cada cual expresa la suya. Si desde mi posición privilegiada de
autor impusiese una sobre la otra, estaría empobreciendo a los personajes
y también la obra, y me estaría traicionando a mí
mismo. El lector —o el espectador teatral— de La Cobra
no recibe más información de lo que está pasando que
la suministrada por los personajes. Esta información es casi siempre
contradictoria. Obligando al lector a tomar partido por una o por otra
según su criterio estoy empujándole también a tomar
un cierto partido ideológico. No se trata tan sólo de saber
qué harías tú en una situación como ésta,
sino qué pensarías. En este sentido, La Cobra
funciona un poco como un espejo.
Jose María Nunes te ha prologado y comenta como curiosidad el nombre
masculino, Juli… la verdad es que no deja de ser curioso ¿en qué
te basas para elegir los nombres?
Carlos Atanes:
Originalmente
escribí
La cobra en la cesta de mimbre en castellano.
Así que originalmente los nombres son Julio y María. Juli
y Maria son sus
correspondientes
catalanes. No creo que Juli tenga nada de especial, por lo menos en Cataluña.
Quizás en alguna isla de la Micronesia tenga un significado ominoso.
La verdad es que intenté dar con nombres muy cotidianos, que no
llamaran especialmente la atención, que no delataran época,
moda, ni extracción social. Julio y María pueden ser nombres
de estibador, de ministro, de maestro de escuela o de monja. No hay mucho
más que añadir. Aunque puedo rebuscar un poco más
en mi inconsciente y sacar alguna anécdota del sombrero de copa:
por ejemplo, veo ciertas reminiscencias vernianas en las aptitudes imaginativas
de Julio; y la frase María, qué nombre tan bonito,
es exactamente la misma que aparece en una película mía de
1991, así que se trata de un auto-homenaje. Pero no creo que esto
le interese a nadie.
Confiésanos ¿la obra cuenta un sueño tuyo, una obsesión,
una paranoia…?
Carlos Atanes:
Los
sueños no se pueden contar porque aburren a todo el mundo. Las paranoias
es mejor dejárselas a los psiquiatras, que se lo pasan pipa con
ellas. Una obsesión sí que será, porque algo de obsesivo
tiene esto de escribir. Las causas que te llevan a tener una idea u otra
son siempre oscuras y secretas. La idea básica de La cobra en la cesta de mimbre aterrizó en el cerebro de un servidor por sopresa
y de golpe, como casi siempre. Unas veces crees que la idea da para tirar
del hilo y otras veces no. En esta ocasión creí que sí
y me puse a escribir. Además, era muy fácil de representar
sobre el escenario, lo que aumenta las posibilidades de su difusión,
y por consiguiente también animaba a invertir algunas energías
en su redacción.
Tardo mucho
en sentarme a escribir algo, pero si lo hago escribo muy rápido,
del tirón. Conecto mi córtex a los archivos akáshicos,
o vete a saber a qué, y cae todo de golpe. Es como abrir un armario
trastero. Siempre que la idea original me resulte estimulante, claro, como
esta vez.
¿Por qué nunca nos muestras a los que están al otro
lado y nos dejas con las ganas?
Carlos Atanes:
Pues
porque ya se trate de marcianos un millón de veces más inteligentes
que nosotros, como dice Julio, o de perversos plutócratas libidinosos,
como dice María, el Poder es siempre invisible. No tiene forma,
ni sabor, ni huele, ni siente ni padece. Y lo que mantiene encerrados a
Julio y a María en su celda particular es el Poder, con mayúsculas,
un Poder ajeno, alienador, incomprensible. No importa mucho quién
lo ostente en ese preciso momento: seguro que va a estar corrompido por
él. No hay nada más ridículo que la escena de una
reunión de señores poderosos sentados alrededor de una mesa,
decidiendo el futuro del mundo. Hay quien dice que esto existe realmente,
y que un puñado de tipejos mueven los hilos de la Historia. Aunque
no sea tan así, concilios similares se han dado en diferentes ocasiones
en el pasado y seguirán dándose en el futuro.
Si el destino
del mundo es incontrolable, siempre habrá alguien dispuesto a, por
lo menos, intentarlo. Esto seguro. Las decisiones las toman gente poderosa.
Pero ellos no son el Poder. Estos malvados de película de James
Bond también tienen hijos díscolos, toman pastillas contra
la acidez, se olvidan la agenda en el taxi, se levantan a media reunión
para ir a mear y reciben llamadas intempestivas de su amante cuando están
intentando decidir el futuro de la Humanidad. Son seres humanos como tú
y como yo, aunque en versión megalomaníaca. El Poder es terrible
en cuanto que no tiene cara, que no sabes de dónde previene: sólo
notas sus efectos cuando te aplasta el pecho, como el íncubo en
el cuadro de Goya. El sueño de la razón produce monstruos.
La obra ha sido representada, cuéntanos...
Carlos Atanes:
Sí,
por dos compañías distintas: por Peplvm, con dirección
de Manuel Solàs y Germán Tormo, e interpretada por Marta
Timón y Angel Galán, y por Tealtre,
con
dirección de Sílvia Sanfeliu, e interpretada por Oriol Aubets
«Turbito» y Sandra Moncusí.
La cobra en la cesta de mimbre
vivió una corta trayectoria por salas de Barcelona y L´Hospitalet
de Llobregat, pero fuera de lo que se considera «circuito comercial».
Una lástima, porque las dos versiones, aunque muy diferentes en
su tono y en su planteamiento, estaban muy bien, y seguro que hubieran
tenido una buena acogida por parte del gran público, como de hecho
tuvieron por parte de los pocos afortunados que pudieron verlas. Pero entrar
en el circuito comercial de teatros es tan difícil como sacarte
los calcetines con los zapatos puestos. No me preguntes por qué,
sería muy largo de explicar. Así que de momento, sólo
se puede acceder a La cobra en la cesta de mimbre a través de
su versión impresa, lo que no es poco, dado los tiempos que corren.
El libro está publicado en catalán y se vende por internet
¿no habrá versión en castellano?
Carlos Atanes:
No, si nadie
la publica. Está —junto a otra obra mía, inédita—
sobre la mesa de algún editor de textos teatrales. Quizá
algún día se despierte azotado por la necesidad de mandarla
a la imprenta. Pero no me hago muchas ilusiones. Mucha gente escribe teatro,
muy poca lo publica y mucha menos gente aún lo lee. No obstante,
su versión castellana está a disposición de cualquier
compañía que quiera representarlo, si así me lo hace
saber.
Éste no es tu único escrito ¿son los demás
del estilo o es una rareza en tu obra?
Carlos Atanes:
Pues yo qué
sé. Que juzgue el lector. En internet hay algún cuento y
muchos artículos míos colgados de diferentes páginas
web. Pueden compararse unos con otros, a ver qué tienen en común.
Hay siempre, desde luego, una cierta inclinación hacia el humor
negro, lo fantástico, lo heterodoxo. Unas ciertas
ganas de llevar la contraria, de establecer relaciones entre cosas aparentemente
inconexas. Quizás de sorprender, como decías tú antes.
Tengo otra
obra teatral, un par de novelas y un ensayo escrito a medias con Marta
Timón que esperan su oportunidad para ver la luz a través
de una editorial, o del escenario. Pero mis esfuerzos en este sentido han
resultado poco fructíferos hasta el momento, con la única
excepción de La Cobra, gracias a Enric Cervera, el
editor de la colección Teatre-Entreacte. Hasta ahora es el único
que ha valorado mi obra escrita lo suficiente como para convertirla en
libro
—aprovecho para mandarle un abrazo—.
Del resto de
mis escritos inéditos no puedo hablar aquí, porque sería
como hablar de un fantasma. Lo que hago para contrarrestar este déficit
de papel impreso, y dar visibilidad a los frutos de mi actividad compulsiva,
aparte de dirigir películas, es escribir para internet, y esta escritura
está al alcance de todo el mundo. Así que juzgue el público
su calidad y su interés.
Además de escribir eres director de cine… y al hilo de esto…
Marta Timón aparece en tus trabajos en varias ocasiones ¿qué
es Marta Timón para Carlos Atanes?
Carlos Atanes:
Mi
cerebro puede recibir muchas iluminaciones del más allá,
pero las ideas no sirven para nada si no se materializan. El cine y el
teatro, como actividades colectivas que son, hacen que acabes rodeándote
de personas de confianza que colaboran contigo, te animan y te critican
hasta que su cercanía se te hace imprescindible, tanto en el terreno
profesional como en el personal.
Marta, cuya
relación de virtudes y habilidades está lejos de poder ser
enumerada en una lista, es una de esas personas imprescindibles. Pero si
repasas con atención los títulos de crédito de las
cosas que hemos hecho en los últimos doce años, descubrirás
que los nombres de Manuel Solàs, Xavier Tort, David García,
Antonio Vladimir o Eva Carbó —entre otros— también aparecen
con una frecuencia sospechosa.
Al final, se
trata de un reducido grupo de gente afín en la que se puede confiar.
Me nutro de la creatividad y del criterio de todos ellos como un vampiro
psíquico, y aunque soy torpe en la expresión de mis sentimientos,
estoy seguro de que saben que el amor y la gratitud que les profeso
trasciende
las fronteras
del espacio y del tiempo.
Carlos, muchas gracias por tan amena lectura y por la entrevista.
Carlos Atanes:
Gracias a ti
por dar voz a este paria.
Anika
© www.ciberanika.com

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en castellano de "La cobra en la cesta de mimbre"
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Entrevista a Carlos
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