¿Qué pasaría
si Judas, aquel que vendió a Jesucristo, fuera en realidad una marioneta?
¿qué pasaría si la historia religiosa tal y como la
creemos no fuera del todo real? Mucho o nada. Estas son dudas que Guillermo
Galván, autor de
Llámame Judas nos desvelará
en la entrevista.
Llámame Judas
es una novela a mitad de camino entre el thriller y la historia. Un misterio
a resolver. Una garganta profunda que utiliza la disposición de
un periodista jubilado a destiempo para que investigue algo que si no cambia
la historia, al menos sí deja muertos por el camino.
Cuando jubilan forzosamente del
periodismo a Angel Casares, éste decide escribir una novela, pero
una nota no fortuita llega hasta él. El texto está escrito
en un lenguaje antiguo y aquella persona que se lo envió le introducirá
en una historia que deja, a su paso, crímenes sin resolver. La garganta
profunda que se ha introducido en su vida quiere que Angel escriba una
historia, la de un Judas Iscariote fiel a Jesús. Para convencerle,
le va dando pistas y señales.
Personajes con vidas privadas que
surgen o están, una trama en la que la historia tal y como la conocemos
podría ser distinta, un Judas Iscariote fiel, un Jesús algo
diferente al que nos muestran en la religión católica, un
final que necesitas desde que empiezas el libro. Así resumiría
yo "Llámame Judas".
ENTREVISTA
El protagonista de esta novela es un periodista forzosamente jubilado ¿cómo
llega a convertirse en investigador?
Guillermo Galván:
Todo periodista tiene algo de investigador,
así que esa condición ya se le presupone. Su objetivo inmediato
tras quedar en paro es documentarse para escribir una novela, una historia
que le ronda la cabeza desde hace muchos años y que la rutina del
trabajo y su propia desidia han ido arrinconando como un propósito
siempre frustrado. Durante este proceso, un supuesto azar excita su curiosidad
y relega a un segundo plano sus buenas intenciones. A partir de ahí,
los acontecimientos se imponen de forma inesperada sobre los proyectos.
La portada de "Llámame Judas" así como el inicio sugieren
que la novela está relacionada con el edificio Windsor cuando se
incendió ¿es realmente así?
Guillermo Galván:
Así es. La novela ofrece una
versión acerca del siniestro que no coincide con las explicaciones
oficiales. A veces, la visión autorizada de los hechos, aquella
que quedará como verdad registrada para la Historia, resulta más
fantasiosa si cabe que una novela, y yo, simplemente, me he permitido ponerla
en duda.
Tu protagonista, Ángel Casares, en un momento dado utiliza el chat
y se pone un nick. Santomé. En un segundo supe a quién
se refería porque "La tregua" es uno de mis libros favoritos ¿por
qué esa elección de nick? ¿por Ángel o más
por ti?
Guillermo Galván:
Por ambos. Por mí, naturalmente,
porque soy quien lo ha elegido: aquella novela me sedujo y me he atrevido
en la mía a rendir un humilde aunque merecidísimo homenaje
a
Benedetti. Y por Ángel, porque, aunque más joven que Santomé,
tiene en común con él la cercanía de una edad en la
que la vida empieza a verse de otra forma, y además su repentino
desempleo lo convierte en un hombre de psicología en cierto modo
vulnerable, como lo es el protagonista de "La
tregua".
Guillermo, llevamos unos años en los que las novelas donde se descubren
cosas que cambiarían el mundo por sus descubrimientos del mundo
antiguo es una moda ¿En qué se diferencia "Llámame Judas" del resto de novelas que hay en el mercado?
Guillermo Galván:
Básicamente, en su esencia.
Todas esas novelas tan de moda sobre supuestos descubrimientos en torno
al cristianismo, como griales, conspiraciones cósmicas, Marías
Magdalenas y descendencias crísticas, a pesar de su heterodoxia
y de los sarpullidos y anatemas que levantan a veces en instancias oficiales
con su correspondiente cuota de publicidad, contribuyen a mantener un mito
en pie. "Llámame Judas", por el contrario, cuestiona el mito
desde su misma raíz. Puede que, antes de ser leída, exista
la tentación de incluirla en ese particular género, quizá
por su estructura, o por su tono de intriga de transfondo histórico,
pero en mi opinión es radicalmente distinta. Por otra parte, mi
preocupación fundamental al escribirla ha sido no ofender a la inteligencia
ni a la literatura y, modestamente, creo que ambas quedan bien paradas
en este caso.
Desde luego la
Diputación de Cuenca ha debido verlo así...
Guillermo Galván:
Ha sido muy satisfactorio que un
jurado del que forman parte escritores de la talla de
Almudena Grandes,
Lorenzo Silva y Antonio Pérez Henares considerase mi novela como
merecedora del premio
Alfonso VIII, certamen que año a año
va ganando peso en el panorama de los concursos literarios en castellano.
Para mí, por supuesto, es todo un honor ver mi nombre en la lista
de sus premiados. Y una palmada de ánimo para seguir adelante en
este peculiar e intrincado territorio de la literatura.
¿Estamos, entonces, ante un libro donde los personajes son tan importantes
como la trama? ¿imprimen carácter a la investigación?
¿cuál es el misterio?
Guillermo Galván:
Para mí los personajes, algunos
personajes, suelen ser tan importantes o más que la propia trama.
Tanto como el protagonista, que en este caso narra en primera persona,
me interesan los secundarios. A veces me da la impresión de que
escribo para crear secundarios, y basta con repasar las cuatro novelas
publicadas previamente para llegar a una conclusión parecida. En
ésta, sin embargo, los secundarios están más o menos
apuntados, y la narración gira básicamente en torno a Ángel
Casares y los acontecimientos que lo envuelven. El papel de los demás
personajes está en función de lo que significan para el protagonista
y su historia, que es lo que me interesaba contar en esta novela. Desde
luego que podría haberlos desarrollado con más intensidad,
que cada uno de ellos permite una presencia mucho más rica, pero
su peso habría desnivelado la novela en una dirección inoportuna.
Judas
es, en la actualidad, una especie de garganta profunda, pero es
mucho más en esta novela... ¿el inicio de una Historia distinta
a la que conocemos, quizás?
Guillermo Galván:
Judas es un juego de palabras. Remite
inevitablemente al Iscariote, pero también al personaje que abre
las puertas a la sorpresa. Y no, "Llámame Judas" no intenta,
no quiere ser el inicio de una Historia diferente. Tal vez sí una
interpretación muy distinta de la Historia que damos por cierta.
Tampoco es un ensayo ni una tesis doctoral. Es una novela, una obra de
ficción, muy documentada, eso sí, que no pretende dar respuestas,
sino que, por el contrario, deja flotando alguna que otra pregunta que
a más de uno le interesará.
¿Hasta qué punto es importante confundir al lector con las
pesquisas del protagonista durante la obra?
Guillermo Galván:
Supongo que te refieres a un criterio
global de la estructura narrativa porque en "Llámame
Judas"
no se produce tal confusión. Al lector nunca se le debe engañar,
mucho menos si la novela se plantea desde la perspectiva de un narrador
omnisciente, que no es el caso. Y no me refiero a la veracidad de los datos
básicos porque, al fin y al cabo, la ficción sólo
está obligada a ser coherente con el mundo que ella misma crea.
El engaño narrativo, si dejamos a un lado la calidad literaria,
es el pecado más grave que se pueda cometer contra el lector, a
pesar de que haya quien venda millones de ejemplares utilizando este subterfugio
y nadie parece sentirse estafado. El narrador omnisciente no puede decir,
por ejemplo, que Fulano no conoce a Mengano y cien páginas más
adelante salir con que ambos son amigos desde hace treinta años.
Desde la perspectiva de un narrador en primera persona en una novela de
intriga no existe un “dios” que todo lo controla, que todo lo sabe: el
lector avanza a medida que lo hace el protagonista y, por lo tanto, desconoce
lo que éste desconoce y averigua lo que éste consigue averiguar.
Esta dinámica permite una complicidad especial entre protagonista
y lector que, desde luego, jamás puede ser violada con engaños
por parte de quien se tenga por escritor.
Para dejarlo claro y que no de lugar a malentendidos, me refería
a que en un momento dado Angel es engañado y con él lo somos
nosotros. ¿Por qué no funciona el dúo Ángel-Cristina
y sí el formado por Ángel-Araceli?
Guillermo Galván:
Ningún dúo funciona
si alguna de sus unidades no quiere. En el primer caso, la extrema diferencia
de edades e intereses lo convierte de antemano en inviable. Y en el segundo,
bueno, no estoy del todo de acuerdo con que funcione excepto como un futurible.
En ambos casos flojea uno de los elementos.
Dime una cosa Guillermo... si esta historia de descubrimientos sorprendentes
se convirtiese en realidad ¿qué crees que pasaría?
Guillermo Galván:
Nada. Nada en absoluto. Si existe
alguna tesis de fondo en la novela es precisamente esa: que hoy es más
importante la fe en el objeto que el objeto en sí mismo, y que nuestros
mitos ya están muy consolidados desde el punto de vista social como
para que se produzcan presuntos cataclismos. En nuestra cultura es mucho
más importante creer en una supuesta verdad que la verdad en sí
misma. Somos mitómanos en todos los terrenos y sólo el paso
de las generaciones permite cambios más o menos sensibles en ese
sentido. Por supuesto, desde el punto de vista literario se podría
especular con la posibilidad de un terremoto sin precedentes. Pero sólo
sería literatura.
Siguiendo con la hipótesis... ¿Se tambalearía algo
aparte del Vaticano?.
Guillermo Galván:
No. Ni siquiera el Vaticano. Tal
vez alguna que otra incomodidad, un escándalo pasajero que sería
diestramente manejado por los de siempre para que se modificaran las apariencias
sin que nada cambiase en el fondo. La propia Historia lo demuestra. Las
religiones no están basadas en hechos racionales científicamente
verificables, sino en el testimonio de algunos de sus creyentes. Así,
al menos, se ha construido a lo largo de los siglos ese aspecto de nuestra
cultura occidental: optando por unos testimonios frente a otros, simplemente
por el hecho de que se ajustan en mayor o menor medida al canon previamente
definido. Pensar en un drástico proceso de revisionismo a estas
alturas sí que es ficción porque el poder secularmente establecido
no renuncia gratuitamente a los dogmas que lo sustentan.
Y aquel que recibiera la información, como Ángel, ¿en
la vida real podría "olvidarse" del tema?
Guillermo Galván:
Desde luego que no. Y creo que queda
muy claro en la novela porque su desenlace es suficientemente abierto como
para que Ángel decida en el futuro seguir investigando. Eso sí,
siempre que pierda todo aprecio por su vida.
Tengo una curiosidad muy grande –que me corroe, jeje- porque hablas de
un periodista, labor que compartes con él... Cuando describes a
Ángel Casares ¿estabas pensando en algún conocido?
Guillermo Galván:
Ángel Casares es un producto
de ficción, aunque seguramente más de un periodista, yo mismo,
se verá reflejado en él porque sus situaciones cotidianas
participan de las comunes al oficio. De algo tiene que servir la experiencia
de treinta y tantos años en la profesión. Pero no, no se
trata de nadie en concreto, ni siquiera de mí mismo. Aunque debo
reconocer que seguí personalmente cada uno de los pasos de la investigación
de Ángel para escribir la novela, el protagonista sólo se
parece a mí en algunas de sus reflexiones íntimas respecto
a lo humano y lo divino. Su contexto personal y familiar, las anécdotas
de su vida, no tienen nada que ver con el autor ni con otro periodista
que yo conozca.
Una curiosidad de tu libro es que hay un aviso al inicio que indica que
la novela está escrita en base a las nuevas normas de acentuación
de la RAE...
Guillermo Galván:
Pues sí. Cuando iniciamos
el proceso de composición, la editorial Edaf sugirió la posibilidad
de que la novela se editase siguiendo esas recientes normas tendentes al
ahorro de tildes. Me pareció una buena idea la experiencia, pero
quise dejar claro ya desde el epígrafe que no se trataba de despistes
de edición porque la primera palabra de la novela es un “Sólo”
que iba a aparecer sin acento gráfico. Realmente, las diferencias
son muy escasas, apenas detalles que pasan casi inadvertidos en el balance
final. Entre tú y yo: más allá de este y otros experimentos,
sigo escribiendo como antes.
Precisamente en ese “Solo” me fijé yo (sonrisa). Uno de tus
personajes, Araceli de Zúñiga, admite que escribía
como terapia ¿se escribe así o hay distintos caminos hacia
la escritura?
Guillermo Galván:
Los caminos hacia la escritura son
tan numerosos como autores hay. Cada cual sabe qué es lo que lo
mueve a hacerlo. O quizá no, no lo sabe. Tal vez ni siquiera sea
importante saberlo, al menos de forma explícita. Cierto que se puede
escribir para conjurar fantasmas personales, para ajustar cuentas con el
mundo o con determinada persona, para verbalizar pensamientos que de otra
forma jamás verían la luz o, simplemente, para contar una
historia, acariciarte el ombligo o quitarte una china del zapato. En el
fondo, escribir lleva implícito un cierto ejercicio de impudor,
de exhibicionismo, una mínima convicción de que lo que uno
hace pueda tener algo de interés para los demás. Es toda
una osadía.
Muchas gracias por tu libro Guillermo, y por supuesto por esta entrevista.
Un abrazo.
Guillermo Galván:
Gracias a ti. Es un placer haber
podido compartir un rato tan agradable charlando con quien ha leído
la novela. Ya sabemos que, una vez la obra está en la calle, es
tan propiedad de quien la escribió como de los lectores porque cada
uno de éstos reconstruye la historia desde su propia vida. Y la
verdad es que resulta sorprendente la variedad de reinterpretaciones que
"Llámame Judas" ha suscitado.
Anika
© www.ciberanika.com

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